“El ingeniero del futuro quizá no olvide algo que despreció el siglo pasado: el diseño creativo de la estructura, su perfección formal y estética, su adaptación al paisaje”
Hans Strauβ

Al terminar los estudios de Ingeniería de Caminos José Antonio Fernández Ordóñez empezó su carrera profesional como ingeniero trabajando en la empresa de su padre, prefabricados Pacadar.

Pocos años más tarde y junto con Julio Martínez Calzón empezaron su trayectoria como proyectistas de puentes. Su primer trabajo fue presentar un proyecto para el concurso del viaducto de Plaza de Cuatro Caminos de Madrid, recibiendo un escrito laudatorio del Jurado Calificador que los ilusionó y ayudó en perspectivas futuras.

Su primera realización fue en 1968, con 35 años de edad, cuando ganaron el concurso para la construcción de un viaducto en La Castellana en Madrid. Este viaducto fue el paradigma de las nuevas construcciones civiles por aquél entonces. El puente estaba estudiado con detalle y profundidad, con una concepción estética global del mismo así como de todos los elementos constituyentes. Tal fue esa aportación que los innovadores elementos técnicos que aportaba la obra fueron relegados a un segundo plano. La ubicación del primer Museo de Esculturas al Aire Libre en su zona inferior todavía puso más énfasis a este carácter artístico tan marcado en sus proyectos. Grandes escultores españoles se comprometieron a donar sus obras a cambio exclusivamente del pago de los materiales y de su ejecución.

Pont Juan Bravo, Passeig de la Castellana. Madrid (1968). Escultures: ‘Un món per infants’ d’Andreu Alfaro i ‘Proalí’ de Marcel Martí.

Puente Juan Bravo, Paseo de la Castellana. Madrid (1968). Esculturas: ‘Un món per infants’ de Andreu Alfaro y ‘Proalí’ de Marcel Martí.

Otro de sus puentes es el “Nou Pont del Diable” en Martorell, construido en 1970. Tiene una longitud de 200 metros y cruza el río Llobregat a pocos metros del antiguo puente del Diablo. Para José Antonio Fernández Ordóñez es “posiblemente el que yo más amo” [1]. El paraje era muy complejo, con una singular geología y topografía, además de una enorme carga histórica. Como tipología estructural prosiguió la tendencia de estructura mixta de acero corten y hormigón blanco del puente de la Castellana pero dando mucha más importancia visual a las pilas. Éstas dos, idénticas, tienen dos óvalos, uno transversal y el otro longitudinal, y recuerdan tanto las esculturas de Jean Arp y Henry Moore como una visión moderna del arco del antiguo puente del Diablo. Aunque la obra sea un puente muy singular hay que destacar la conciencia urbanística del equipo proyectista, reafirmada años después en la solución del nuevo cruce de la autopista sobre el río Llobregat. El nuevo viaducto de la autopista despreciaba todos los elementos de su alrededor, el río, el antiguo puente y el de Fernández Ordóñez. Para solventar este impacto visual, el ingeniero propuso la construcción de un muro de encauzamiento de hormigón blanco que enlazara los dos puentes, con una losa en voladizo del tablero y una barandilla que diera la vuelta y se prolongara por encima del muro, incidiendo así en la conciencia urbanística del lugar y en la integración de las tres infraestructuras con el río.

Nou Pont del Diable. Martorell (1970) (fuente).

En 1978, realizaron el puente del Milenario en Tortosa. En él continúa una vez más con la utilización de hormigón blanco para las dos pilas del puente y el acero cortén para el tablero del mismo. La proporción de las grandes pilas frente a la luz de 180 metros entre ambas y de 90 metros hasta los estribos le da una monumentalidad propia de los grandes puentes.

Pont del Mil·lenari. Tortosa (1978) (fotografia de Manuel Reventós).

Puente del Milenario. Tortosa (1978) (fotografía de Manuel Reventós).

El puente sobre el río Barxell en Alcoy, Alicante, de 1985 continúa en la línea estética de acentuar el carácter emblemático del puente, esta vez, mediante el atirantamiento de los 240 metrosde longitud con pila central y dos familias de 19 cables. A pesar de la introducción de esta tecnología el sistema constructivo fue rápido y sencillo. En su proyección también intervinieron Francisco Millanes Mato, Manuel Burón Maestro, Ángel Ortiz Bonet y Javier Marco Ventura.

También proyectó puentes para uso ferroviario, siendo el más conocido el puente del Ferrocarril sobre el río Guadalquivir en Sevilla de 1991. El puente es un homenaje a la columnata y al dintel, con influencias del arte griego muy eloquentes y con una idea muy escultórica del puente. Dicho puente rompe con la esbeltez que los ingenieros desde siempre han utilizado para garantizar la belleza en sus puentes. Además, la poca cota del dintel del puente, su horizontalidad al transcurrir el ferrocarril y su gran longitud le dan una belleza especial e inusual.

Otro concurso que ganaron en 1994 fue el puente sobre el río Urumea cerca del último meandro del río en San Sebastián. El puente tiene una longitud de 80 metros y está solucionado de modo muy radical, presentando una estructura oculta muy simple que une las dos orillas con una barandilla de color dorado. El tablero tiene una cierta curvatura convexa que relanza su belleza en un lugar tan emblemático de la ciudad de San Sebastián. La misma barandilla contiene la iluminación del puente, eliminando así cualquier tipo de iluminación vertical que pudiera romper la estética. Las aceras anchas también contribuyen a dar grandeza al propio puente aunque desde un punto de vista sobrio, sin ninguna ornamentación explícita.

Pont sobre el riu Urumea. Sant Sebastià (1993).

Puente sobre el río Urumea. San Sebastián (1993).

Unos de sus últimos proyectos en vida, fue la pasarela peatonal de Abandoibarra en Bilbao y el Puente Infante Don Henreique sobre el río Duero en Oporto. Al morir José Antonio, su hijo Lorenzo Fernández Ordóñez, arquitecto de profesión, retomó la dirección de las obras. El puente peatonal Pedro Arrupe que une la Universidad de Deusto con Abandoibarra se construyó como respuesta a una demanda de la ciudad de Bilbao. Se trata de un diseño espectacular y una obra muy singular, ya que consta de 6 entradas en lugar de las dos habituales. La estructura es una lámina plegada formada por una chapa de acero inoxidable. Su belleza se basa en la racionalidad de la estructura, con formas geométricas muy simples además de las propiedades visuales que proporcionan los materiales que constituyen la pasarela. El acero inoxidable tipo dúplex y la madera de lapacho se pueden comparar a los materiales del casco y de la cubierta de un barco, quedando la pasarela constituida por dos pieles, una fría y reflectante por fuera y otra acogedora por dentro. En palabras de José Antonio Fernández Ordóñez “hay un juego entre las dos pieles, entre la piel que refleja y la piel que acoge al hombre”[1].

Passarel·la d'Abandoibarra. Bilbao (1996).

Pasarela de Abandoibarra. Bilbao (1996).

Por último, el puente de Oporto en el cual colaboraron Antonio Adao Da Fonseca, Francisco Millanes Mato, Alberto Díaz y Alexandre Burmester fue una de sus obras más ambiciosas e interesantes, no sólo desde el punto de vista constructivo, sino también desde un enfoque estético. El puente consiste en un arco abatido tipo Maillart, muy esbelto y con un tablero de gran rigidez. El carácter geométrico formado por grandes planos le da un aspecto sobrio, contundente y elegante. Esta marcada forma estructural trataba de no competir con los otros puentes de la ciudad de Oporto, y es por eso que la solución tomada fue discreta, constituida por elementos rectos muy marcados aunque de mucha potencia. Esta limpieza hace que el puente se muestre del modo más puro posible, sin ningún añadido ni decoración. Su teórica humildad funcional se extiende también al tablero debido a la ausencia de elementos elevados en él. El proyecto fue uno de los últimos del equipo de José Antonio y no por eso dejaron de incorporar innovaciones.

Pont Infant Don Henreique. Oporto (1998) (fotografia de Jordi Pascual).

Puente Infante Don Henreique. Oporto (1998) (fotografía de Jordi Pascual).

Junto con Julio Martínez Calzón intervino también en otros proyectos como los puentes gemelos sobre la Nacional II en San Fernando de Henares, formados por un arco de enorme tensión y ligereza; el paso de acceso al recinto de IFEMA, en Madrid, con sus pilas clásicas de marco hueco; el puente de Fontejau sobre el Ter en Girona, integrando los elementos históricos y estéticos de todas las obras públicas del pasado en Girona; y un largo etcétera de pasos elevados.

Su visión urbanística se entrevé, aunque no de un modo explícito, en todos sus puentes. El proyecto de la avenida de la Ilustración de 1982 encargado por el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván sirvió para solucionar los conflictos sociales que provocaba el nuevo trazado. Fue singular su proyecto ya que pocos ingenieros confiaban en su valía urbanística. Los vecinos querían la zona para su disfrute personal y no como una vía de tráfico intenso, y José Antonio trazó el típico bulevar Madrileño aportándole, de nuevo, elementos artísticos. No obstante, en la actualidad toda esta filosofía artística y integradora medioambientalmente no se está respetando y la avenida se está convirtiendo en una vía rápida de paso para los vehículos.

Aunque no se especializó en la redacción de proyectos de urbanizaciones o de paisajismo, el dominio que tenía tanto a escala urbana como a escala del medio natural era muy significativo. Sólo hace falta remarcar la cantidad de esbozos y propuestas que hacía de las pilas de sus puentes para ver la magnitud de esta búsqueda de la escala correcta según el entorno de cada proyecto.

Siendo su obra poco extensa su contribución en la Ingeniería de Puentes fue relevante. La utilización de nuevos elementos técnicos, hasta entonces poco utilizados en la Ingeniería española, como son la estructura mixta y los elementos prefabricados les permitió hallar nuevas propuestas estéticas a tipologías estructurales clásicas.

En un sentido puramente estético, José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón trataban de enfocar todos sus proyectos concibiendo la estética como parte integrante del puente y no como un añadido final, de modo que se evitase cualquier exceso formal y alcanzar así la esencia de la estructura. Tal como decía Fernández Ordóñez en boca de Brancusi: “La simplicidad no es una meta, pero uno llega a ella a pesar de sí mismo, tal como uno se acerca al significado real de las cosas” [2].

Referencias:

[1] FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, José Antonio (1993). Profesiones. Conocer y Ejercer. La Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Hablando con José Antonio Fernández Ordóñez. Acento Editorial.

[2] FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, José Antonio (1990). “El Pensamiento Estético de los Ingenieros. Funcionalidad y Belleza.” Discurso del Académico electo Excmo. Sr. D. José Antonio Fernández Ordóñez. Leído en el acto de su Recepción Pública el día 25 de marzo de 1990 y contestación del Excmo. Sr. Duque de Alba. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La mayor parte de la información de este artículo forma parte de la tesina de especialidad “Relación entre la obra de José Antonio Fernández Ordóñez y Eduardo Chillida Juantegui”, escrita por Guillem Collell Mundet y dirigida por Salvador Tarragó Cid en 2005.

 

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